VEGETARIANISMO

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INTRODUCCIÓN  A UNA DIETA VEGETARIANA

La ciencia de la alimentación ha adelantado enormemente en los últimos años, y hoy se sabe perfectamente qué alimentos son beneficiosos para la salud, dan la máxima vitalidad y claridad mental, y cuáles son perjudiciales para el cuerpo y lo siguen conduciendo a enfermedades, pérdida de la belleza y a la vejez antes de tiempo.

La alimentación natural es la que corresponde a cada ser viviente según su natu­raleza y constitución. Las experiencias modernas, emprendidas con el objeto de averiguar el porqué del envejecimiento prematuro, han demostrado que sometiendo a los animales a un régimen forzado de alimentación antinatural, es decir contrario a sus costumbres, se enferman gravemente y desarrollan un estado de envenena­miento fatal que los conduce a la muerte.

Con el transcurso del tiempo la alimentación del hombre ha ido apartándose cada vez más de la alimentación natural que le corresponde dada su constitución y natu­raleza; la consecuencia no ha podido ser más deplorable, pues hoy en día el hombre es un ser enfermo y de corta vida, que en la mayoría de los casos no puede ser felíz y no emplea bien sus facultades.
Actualmente, se ha extendido entre el público la idea de que es imprescindible seguir un régimen adecuado de alimentación, sobre todo las instituciones científicas fueron obligadas a admitir que el consumo de carnes, pescados y huevos es dañino para el cuerpo.
1-  La Academia Americana de Ciencias hizo un estudio para el departamento de nutrición de las Naciones Unidas, el resultado condenó la carne como causante de múltiples enfermedades, inclusive el cáncer.
2-  El diario “EL TIEMPO” publicó, en 1983, en su revista CARRUSEL #276, una entrevista con el famoso cardiólogo colombiano LEIVA SAMPER; él dice: “El hombre no está programado para consumir proteínas animales, y en aproximada­mente 20 años, el mito de que la carne es un buen alimento se acabará”.
Grandes personalidades como Mahatma Gandhi, George Harrison, Cassius Clay, Albert Einstein, Thomas Edison, Sócrates, y muchos otros, son y han sido vegeta­rianos. Muchas personas creen que ser vegetariano es sólo comer ensaladas y frutas. ¡No!, a tu alcance tienes mucha variedad. La variedad es la madre del dis­frute y existe una innumerable cantidad de preparaciones vegetarianas, tales como sabjis (vegetales), dulces, panes, yogur, queso, etc. Incluso puedes adaptar cualquier tipo de comida internacional a lo vegetariano.
Más allá de los intereses de la salud, la psicología, la economía, la ética y aún el karma, el vegetarianismo posee una dimensión espiritual más elevada que puede ayudar a desarrollar nuestra apreciación natural y amor por Dios.
DIETA VEGETARIANA, dieta de vanguardia??

Muchas veces se piensa que el apego a la comida vegetariana es una tendencia de vanguardia o moderna. Lo que muchas veces no saben es que el apego a ingerir vegetales y frutos es bastante antiguo. Y muchas civilizaciones la practicaban…
Muchas veces se piensa que el apego a la comida vegetariana es una tendencia de vanguardia o moderna. Lo que muchas veces no saben es que el apego a ingerir vegetales y frutos es bastante antiguo. Y muchas civilizaciones la practicaban, incluyendo, parece, los cristianos originales. Mucho cambió desde entonces.
El emperador Constantino I (285-337 DC) favoreció a la iglesia cristiana, le dio libertad de religión y en el año 334 convirtió de hecho esta enseñanza en religión estatal. A cambio la Iglesia le convirtió en santo. Constantino, no obstante, no se diferenció en nada de sus antecesores respecto a las ansias de poder, despotismo y crueldad.
Llevó a cabo muchas guerras. Los cristianos originarios que querían permanecer fieles a sus ideales pacifistas, fueron obligados bajo amenaza de tortura a ir a la guerra a favor del emperador. Se dice que a quien no quería comer carne, el emperador le hacía embutir plomo líquido en la garganta.
El cristianismo de los orígenes fue con ello prácticamente disuelto. “Los cristianos fueron entonces obligados oficialmente a prestar servicio militar, comer animales y beber alcohol”.
Su concepción del cristianismo se la impuso a la iglesia en el Concilio de Nicea (325).
Ahora habían de ser adaptados los evangelios al espíritu de la época. Para ello se instituyeron los llamados “correctores”. Las falsificaciones conscientes se realizaron sobre todo después del concilio de Nicea. Cuanto fue cambiado también por pablo, no se sabe con exactitud, y sólo puede ser sospechado a tenor de algunas citas que nos han sido trasmitidas.
En la Edad Media continuó la persecución de los cristianos que vivían de forma vegetariana. La iglesia persiguió a lo largo de todos los siglos a los cristianos originarios que se alimentaban de manera vegetariana y no se complacían con la pompa de una Iglesia estatal pagana. La mayoría de ellos fueron desacreditados, calumniados, perseguidos y asesinados por ser herejes y sectarios.
El padre de la iglesia Tomás de Aquino sentó los principio filosóficos para la persecución en la Edad Media.
“Según Santo Tomás de Aquino, el intérprete de la cristiandad medieval, poseídos por espíritus malignos, los animales (principalmente los cerdos, que se buscaron problemas fácilmente como carroñeros errantes libres, pero también los asnos, toros, gatos, pollos, delfines, cabras, caballos, ovejas, lobos y otros) fueron considerados como carentes de alma y durante doce siglos fueron físicamente sometidos a juicio en toda Europa y las colonias americanas por supuestos crímenes graves. Sufrieron degradación pública y mutilación; fueron quemados, enterrados vivos, torturados y estrangulados, con la bendición de la Summa Theologica de Aquino, que proclamó que los animales poseídos por las Fuerzas del Infierno podían legítimamente ser castigados como satélites de Satán.”
De acuerdo a su enseñanza, los animales no tienen alma, las mujeres por lo demás tampoco.
Los Cristianos libres que en el tiempo de la Inquisición se negaban a matar animales, eran obligados bien a matar a un animal públicamente o eran colgados como herejes. En el año 1051 fueron sentenciados a muerte muchos de los denominados herejes porque renunciaron a matar gallinas y comérselas. Posteriormente, hubo muchos grupos que querían regresar a una vida originariamente cristiana. Por ejemplo los bogumilos o los cátaros o albigeses. Estos vivían de manera vegetariana.
Se comprometían a “no matar a ningún animal, no comer ninguna carne y a vivir sólo de frutos” según dice el autor Walter Nigg.
Todos ellos fueron exterminados de manera cruel por la Iglesia. Muchas personas llevan todavía hoy grabados profundamente en el subconsciente aquellos prejuicios eclesiásticos, aunque crean que piensan de forma progresista; basta con que oigan la palabra “secta” para despertar en ellas antiguos prejuicios, a pesar de no haber ningún motivo para ello.
“El cristiano de Iglesia actual, especialmente el católico, no tiene prácticamente nada del cristianismo originario auténtico, el nazarenismo, y con ello tampoco nada que ver con la verdadera enseñanza de Jesús, sino que más bien es en primera línea una enseñanza auto-fabricada que está basada casi exclusivamente en el ejercicio del poder y en conservarlo. Tan sólo con la Inquisición, la quema de brujas, las cruzadas, el odio a los judíos y a las mujeres, así como la cooperación con los nacionalsocialistas en el denominado Tercer Reich, la historia de la iglesia católica está teñida de un rojo sangriento. Mares enteros podrían llenarse con esta sangre.
Los días festivos más importantes de la Iglesia son también las fiestas más grandes del año para la matanza de animales”.

 

 

COMBATIENDO EL MITO DE LA CARNE
por T. Colin Campbell, Ph. D.
de The Vegetarian Society of the District of Columbia

Traducido por Ana Lily Castillo – alcastillol@hotmail.com
Fuente original del texto: International Vegetarian Union ( www.ivu.org)
Creo que difícilmente existe otro mito en nutrición tan insidioso y aún así tan intratable como el que nos incita a creer que el consumo de muchas proteínas de alta calidad, básicamente a través de alimentos de origen animal,
contribuye a mejorar la condición y a aumentar el volumen y la fuerza corporal. Enraizado en la antigüedad, este mito comenzó a germinar en la mentalidad masculina (especialmente la masculina, al parecer) mucho antes de que la proteína fuera identificada y nombrada.
El mito tomó raíces en la creencia de que podíamos adquirir la fuerza, agilidad y habilidad para elevarnos a alturas inimaginables tan sólo consumiendo la carne y cuerpos de los animales. Mucho después, a principios del siglo XIX, cuando los científicos identificaron la proteína como aproximadamente equivalente a la carne de los animales que adoraban, fue proclamada como el nutriente preciado. En las palabras del famoso químico Justus von Liebig, no era otra cosa que la pura “substancia de la vida misma”.
Proteínas de Calidad ¿según qué estándares?

A principios del siglo XX, los científicos llegaron a creer – erróneamente – que la proteína animal producía mejoras en la competitividad deportiva. Esto se combinó con su postura de que la carne animal, la leche, y los huevos disparaban el crecimiento corporal más “eficientemente” que la proteína vegetal. Eficiencia, en este sentido, significaba que al comer proteína animal uno podía ganar más peso por cada kilo de proteína consumida. La alta “eficiencia de asimilación” ocurre con la proteína animal porque las proporciones de aminoácidos (las unidades que forman las proteínas) en el tejido animal equipara más la proporción de aminoácidos requeridos para sintetizar la proteína en nuestros organismos. Sabemos ahora que esto pudiera ser un inconveniente, pero en aquel entonces los científicos consideraban que “eficiencia de asimilación” era igual a “calidad”, un sesgo que persiste aún en la actualidad.
La eficiencia, o calidad, puede también implicar un incremento en la velocidad de todas las funciones corporales. Significaría que estamos pisando el acelerador hasta el fondo. Y, como casi todo llevado a un extremo, tiene un costo, tal como el aumento de las tasas de enfermedades crónicas incluyendo cáncer, diabetes y osteoporosis.
Para los padres de la ciencia nutricional, el consumo de proteína animal de calidad revelaba el grado de “civilización”. Fue debido a este clima, que sus recomendaciones basadas científicamente empezaron a fomentar ingestas muy elevadas, de alrededor de 110 a 130 gramos de proteínas de origen animal al día.

¿Aún Ignorando la Evidencia?

¿No es de suponer que su investigación, ahora hace 100 años, hubiera sido aceptada? ¿O por lo menos reexaminada por otros para ver si tan espectaculares resultados eran ciertos? Ni en sueños. Lo que esperaba a Chittenden era principalmente el menosprecio de sus colegas y no fue hasta la década de 1940, cuando la ingesta diaria total recomendada de proteínas se redujo, que su trabajo fue parcialmente reivindicado. No obstante, aún entonces, la recomendación de consumir proteínas de origen animal aún dominaba. Y hasta ahora, el americano promedio obtiene entre el 60 y el 70 por ciento de sus proteínas de fuentes de origen animal – generalmente sin percatarse que esta práctica se originó de la falsa premisa de que la proteína animal mejora la condición física y la competitividad deportiva.
Dije anteriormente que esta historia tenía sus aspectos insidiosos. La creencia del valor de las proteínas de origen animal en la condición física ha sido tan fuerte que hoy luchamos dentro de la ciencia para desvelar los mensajes completos de la información que cuestiona seriamente nuestras creencias acerca de la proteína animal. De hecho, algunos científicos, que tienen gran influencia entre grupos consejeros de la Naciones Unidas, continúan desarrollando argumentos técnicos que favorecen altas recomendaciones de proteína.
En China, me sorprendí al saber hace algunos años por mis colegas que ellos tenían – y aún tienen – las más altas recomendaciones proteínicas de todo el mundo, principalmente con el propósito de mejorar el rendimiento atlético en las Olimpiadas. Parece especialmente irónico considerando que era bien sabido en la Antigua Grecia que los atletas olímpicos obtenían mejores resultados cuando llevaban dietas basadas en alimentos de origen vegetal. Más aún, en la actualidad algunos atletas, tales como Dave Scott, seis veces ganador del triatlón Ironman (Hombre de Hierro), y Carl Lewis, corredor, siete veces medallista olímpico de oro, entrenan y compiten con dietas basadas en alimentos de origen vegetal.
No es que la proteína animal no pueda ser usada con buenos resultados, especialmente cuando no se disponga de nada más, o que este nutriente no forme masa muscular. Sí lo hace. Pero también lo hace la proteína vegetal. Y lo hace con resultados superiores. Si tan sólo hubiéramos recordado y entendido el trabajo de Chittenden no estaríamos enfrentando actualmente tan fatales consecuencias en la salud.
T. Colin Campbell, Ph. D., se formó en Cornell (M.C., Ph. D.) y el MIT (investigador asociado) en nutrición, bioquímica y toxicología. Es profesor de bioquímica nutricional en la Universidad de Cornell. © 1996 New Century Nutrition. Reimpreso con permiso.
Referencias:
Chittenden, R.H., Physiological Economy in Nutrition. F.A. Stokes, Nueva York, 1904
Chittenden, R.H., The Nutrition of Man. F.A. Stokes, Nueva York, 1907
Agradecemos a Bay Area Vegetarian 1997 (PO Box 9470, Stanford, CA 94309), donde apareció este artículo previamente.

About Kinsee Morlan

Arts and web editor at San Diego CityBeat. Interested in art and the Tijuana/San Diego border.
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